Por: Alfredo Molano
Bravo
Mientras en el Congreso de la
República se cocinaba un operativo de fuga constitucional de los parapolíticos,
de sus protectores y de sus financiadores, el presidente Santos anunciaba muy
orondo, en Río+20, que añadía en números redondos 17 millones de hectáreas a
las áreas de reserva estratégica para minería existentes, para un total de 22
millones de hectáreas.
Es decir, cuatro veces más
de la superficie dedicada a la agricultura en el país. A su regreso de Río se
encontró con que un mamut gigantesco se había entrado a la Casa de Nariño y
había vuelto trizas la cristalería, sin que nadie se diera cuenta. El jueves
recogió los vidrios y hoy está dedicado a pegarlos uno por uno.
