Por: Alfredo Molano Bravo
Todos los
intentos de reformar la estructura agraria han fracasado. Desde el gobierno de
López Pumarejo hasta el de Andrés Pastrana no se ha hecho nada distinto a
titular baldíos, una estrategia pragmática, dada la radical oposición de los
latifundistas —armada unas veces, parlamentaria otras— a ceder un centímetro de
lo acumulado bajo todas las formas de adquisición.
Entre 1930 y 1970 se adjudicaron unos 11 millones de
hectáreas. Las pocas tierras tituladas a los colonos, siempre por intermedio de
gamonales y contraprestaciones electorales, terminan en manos de los
terratenientes por la mera lógica del mercado. Los colonos entran en bancarrota
por las deudas con los comerciantes, que les han vendido caro lo que necesitan
para hacer mejoras y comprado barato las cosechas que sacan a la plaza. Cuando
el Estado titula, facilita la venta de mejoras a los hacendados y beneficia a
los bancos. Así, la colonización es, en realidad, una avanzada del latifundio.
